Un día él le dijo que en cuanto le volviera a ver le diría que es la persona más guapa de este mundo; también le dijo que serían capaces de ver las estrellas juntos; dijo que desearía soñar con ella todas y cada una de las noches; dijo muchas cosas, pero, el problema es que todos decimos muchas cosas, y de lo que decimos, cumplimos muy poco.
Llevaban meses sin verse, sin hablar, ella cada vez tenía menos esperanza de que él cumpliese lo que había dicho...
Un día, llamaron a su puerta, él apareció, apareció con una manta, con una almohada y un pañuelo, sin decir nada se acercó a ella, le vendó los ojos y la llevó a un bosquecito. En medio de ese bosque había un prado, puso la manta en el suelo, y las almohadas, le quitó el pañuelo de los ojos y le dijo:
-He soñado contigo todas y cada una de las noches, eres la persona más guapa de este mundo y de cualquier otro que pueda existir, y te he traído aquí para que veamos las estrellas y creemos nuestro propio universo.

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